dilluns, 10 de maig del 2010

EL TREBOL DE CUATRO HOJAS

Clara, es una niña que tiene 12 años, y la pobre, era muy desgraciada. Ella vivía en un orfanato, ya que sus padres murieron en un accidente cuando ella tenia cuatro años. Como ya era un niña muy grande no quería adoptar-la mucha gente, ya que la mayoría prefiere los niños pequeños con cara de angelitos aunque por dentro sean unes demonios de pies a cabeza. Además, Clara, tenia mucha mala suerte, y era muy patosa. Siempre se ponía la pata, hablaba cuando no le tocaba, se caía... y encima como si ya no tuviera suficiente los niños de su clase se reían de ella. Siempre se lamentaba y estaba muy triste por ser tan torpe.

No tenía ninguna amiga especial, ya que las únicas niñas que no se reían de ella, estaban (según ella) a un nivel demasiado alto para ella.

Un día durante el recreo, Clara se sentó en el césped como de costumbre y pasando su mano por encima de él algo le mordió el dedo. Era un pequeño duendecillo de color verde con su trajecito todo destrozado y su sombrero roto. Clara se quedo un poco estupefacta, ya que ella nunca había visto un hombre tan diminuta, además parecía muy mono.

Clara le pregunto quien era y que hacia en su colegio, y el pequeño hombrecillo verde le contó que él era un duende, un duende se la esperanza y la buena suerte, aquí su color, y que cuando él estaba plantando tréboles de cuatro hojas ella, va y pasa la mano por el césped!

-Pero es de que les tréboles te dan buena surte no es verdad! Si fuera así ya estaría buscando uno desesperada!

-Como puedes decir eso?! Sabes que en un solo segundo es como si hubieras destrozado mi faena????- le dice el duende todo enojado.

En ese momento, el duende, le tendió una pequeña semilla, que aun y así era más grande que su mano.

-Que es eso? - pregunto Clara.

-Es una semilla de tréboles de cuatro hojas, plantarla en un sitio que le de el sol y ya veras como enseguida crecerán unos estupendos tréboles de cuatro hojas. Cuando ya te hayan crecido, cójelos y los dejas cada uno en un ligar diferente, pero no pude ser un lugar cualquiera, tiene que ser en alguna cosa importante. Yo, volveré de aquí a un mes para ver si te han traído suerte – justo cuando el duende termino de decir esas palabras ten esperanzadoras desapareció.


Clara cuando llego del colegió fue corriendo a plantarlos, siguiendo al pie de la letra las instrucciones que le había dado el duende. Se espero un rato para ver si crecían, pero no pasaba nada. Desanimada se fue casi a punto de llorar cuando algo sonó en la terraza. Se giro esperanzada y vio cuatro tréboles de cuatro hojas. Cogió el primero, y lo puso dentro de un libro de la escuela. Otro lo puso dentro de una muñeca que sus padres le habían regalado cundo ella era pequeña, el otro, entro de puntillas en el despacho de la jefa del orfanato y lo puso dentro de su historial para que alguien la adoptara. Y el ultima se lo guardo en su bolsillo.

El mes siguiente, cuando el duende volvió, no encontró a Clara, ya que no estaba en el colegio ni en el orfanato. La encontró en una casa preciosa, muy grande y con unos nuevos padres muy afectuosos. Clara le contó que les tréboles le habían traído mucha suerte. Sus nuevos padres la cambiaron de colegio y ahora, tenia muchas amigas, y además ya no era tan patosa. El duende, se marcho tranquilo y satisfecho de haber hecho su faena, había ayudado a otra persona a ser feliz.